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Una pareja con mucha historia

Una pareja con mucha historia

El próximo 14 de febrero, día de San Valentín, asoma en el horizonte. Por ello en nuestra revista de este mes hemos querido seleccionar a este entrañable matrimonio formado por José Martín y Pepita Blasco. Ambos tuvieron una gran relevancia en la vida de Monzón y comarca durante las últimas décadas del siglo pasado. Un buen ejemplo para conmemorar el patrón de los enamorados.

El destino es caprichoso y a veces nos encamina hacia lugares que ni siquiera sabemos situar en el mapa. José Martín Martín nació en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) en 1927. A los nueve años trasladaron a su padre a Huesca y toda la familia se instaló en la capital oscense, a unos seiscientos kilómetros de su ciudad natal. Más de veinte años después y tras estudiar en Madrid la carrera de arquitectura, se instaló en Monzón en busca de labrarse un porvenir laboral. “Tras terminar mis estudios regresé a Huesca. Al colegio de arquitectos llegaban muchos visados de Monzón para construir. Había trabajo y no me lo pensé. Hasta ese momento solo había estado una vez allí y fue para visitar La Azucarera y el Castillo. Mis compañeros se reían de mi diciéndome que iba a una población que ni siquiera era cabeza de partido”, rememora.

Un año después de llegar a la población montisonense Pepita Blasco se cruzó en su vida y juntos permanecen hasta el día de hoy. Se conocieron en 1960, un año después se casaron, ampliaron la familia (Mar, Pepo y Pili) y desde su casa situada en la plaza de Santa María han ido quemando etapas en su vida. Ahora inmersos en la vejez siguen compartiendo el día a día y los recuerdos de antaño, todo ello entremezclado con las risas de los nietos. En la memoria de ambos afloran recuerdos de juventud en una población a orillas del Cinca en plena efervescencia. “La puesta en marcha de La Azucarera, el ferrocarril, la construcción del canal de Aragón y Cataluña, la llegada de grandes empresas como Hidro Nitro o Monsanto Ibérica propiciaron el crecimiento vertiginoso de Monzón”, señalan. Esta circunstancia favoreció a ambos en sus respectivos trabajos.

El señor Martín, más conocido como Pepe, se convirtió en el primer arquitecto de la ciudad. Por sus manos pasaron la mayor parte de los proyectos surgidos durante las siguientes décadas en la comarca y alrededores. Pepita, su mujer, era comadrona y entre ella y su madre “Doña Paciencia” han ayudado a nacer a casi cuatro generaciones de montisonenses. “En casa me insistieron para que me hiciera maestra, pero lo mío era vocacional y quise seguir los pasos de mi progenitora. Eran tiempos en los que se tenían muchos hijos. No había métodos anticonceptivos y además veníamos de una guerra donde murió mucha gente y se incentivaban los nacimientos”, explica. El padre de Pepita murió joven y ella siempre vio a su madre como un ejemplo: “Fue la primera comadrona titulada en Monzón. Nunca le faltó trabajo. Todos los niños nacían en casa y apenas había medios para asistir a las mujeres cuando daban a luz. Eran tiempos de heroicidades”. Un trabajo donde era necesario estar disponible los 365 días del año y las 24 horas del día. “En cualquier momento podía sonar el timbre de casa y tener que acudir a atender a alguna parturienta”.

Tras cursar bachillerato y después de completar dos años de enfermería y dos como comadrona, además de prácticas en el Hospital de Huesca, consiguió la titulación para ejercer la profesión junto a su madre, con la que compartió casi veinte años de actividad laboral. “Tengo unos recuerdos muy buenos. Cuando cumplí los 65 años me dio mucha pena jubilarme. He visto evolucionar la profesión y por suerte las cosas han cambiado mucho. Con la puesta en marcha de los hospitales en la zona y con la mejora en las comunicaciones todo se volvió más sencillo”, recuerda. Además de ejercer en Monzón, también estuvo muchos años siendo la titular en poblaciones de la comarca como Pueyo o Alfántega y también recuerda atender partos en Almunia de San Juan.

Por su parte Pepe, además de encontrar el amor y el calor de una familia, logró convertirse en un hombre respetado, conocido por todos y capaz de dejar un importante legado en la zona. “Cuando empecé a trabajar el barrio del Palomar prácticamente ni existía. Todavía recuerdo que sus calles tenían nombres de letras. De los sesenta a los noventa, gran parte de lo construido en Monzón lleva mi sello. Durante mucho tiempo fue el único arquitecto de la población. Años después comenzamos a repartirnos el trabajo cuando llegó José María Torrecilla”. Actualmente casi todos los bloques de pisos de la zona de Santa Bárbara fueron proyectos suyos. También podemos destacar el encargo del obispo de la época para llevar a cabo el proyecto de la ermita de San Ramón en Barbastro.

Al margen de su importante trayectoria profesional, el señor Martín siempre demostró una conducta ejemplar y un sentido del humor muy desarrollado. Fruto de ello publicó dos libros: Las cosas, como son y otro más reciente 50 ojeadas alrededor. Su tono irónico y el tratamiento de los temas locales hacían sus escritos diferentes. Siempre fue un fiel colaborador en publicaciones de la comarca como La Clamor o el Ecos del Cinca. Un hombre bien informado, aun ahora y a pesar de su débil salud, cada día lee el periódico con avidez.

Durante muchos años fue un fijo en todos los plenos del Ayuntamiento de Monzón, y por ello recibió el pasado 2017 una placa de reconocimiento. “No se perdía uno. Daba igual que duraran cuatro horas, pasara lo que pasara allí estaba él”, explica su mujer. “Ha sido muy andarín, recorría las calles de Monzón día tras día, trataba con todo el mundo y lo conocían allá por donde iba. Ahora por su salud no puede salir a pasear y muchísima gente me pregunta por él y se interesa por cómo está”, concluye.

Una pareja emblemática, que durante más de medio siglo ha visto cogidos de la mano la evolución de su pueblo, donde han sido parte importante… y lo siguen siendo.

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