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Pesadilla en Kurdistán con final feliz

Pesadilla en Kurdistán con final feliz

El montisonense Fernando Pérez Barber, que firma sus crónicas y publicaciones como Ferrán Barber, ha sido recientemente el protagonista de la actualidad al estar un mes confinado en una cárcel del Kurdistán Iraquí, según informó “Público”, diario del que es colaborador habitual.

El periodista mediocinqueño fue detenido el pasado 8 de agosto en el norte de Irak por la Policía del Gobierno Regional Kurdo y encerrado en un centro penitenciario de la ciudad de Erbil sin que le informaran de los cargos en su contra y sin que se le prestara asistencia legal. Fue liberado el pasado 4 de septiembre tras 27 días encerrado en condiciones infrahumanas, apunta el diario digital.

Algunos de sus testimonios son estremecedores: «Me metieron en la celda número cuatro como una mala bestia. Yo no quería entrar, pero amenazaron con pegarme. Cada celda tiene 50 metros cuadrados útiles con un solo baño. El día que llegué, sólo en mi celda había 138 personas de todas las edades, incluso menores; cuando salí éramos 160. La comida en muchos casos estaba podrida y era escasa; el hedor era insoportable; estábamos a 50 grados de temperatura y no teníamos espacio para movernos ni para tumbarnos y dormir, algo que era imposible. El aire era casi irrespirable por la falta de ventilación. Había palizas. No había asistencia médica. Fue una brutalidad absoluta. Aquello era un agujero negro, un pudridero. Muchos sólo podían desear la muerte».

Barber también siente impotencia por la arbitrariedad y la falta de garantías jurídicas de las que han sido víctimas tanto él como muchos de sus compañeros de reclusión. «La mayoría estábamos en un limbo legal. En teoría, el centro de detención es un lugar donde no puedes estar más de 72 horas a la espera de que un juez decida si te manda a la cárcel o no. En mi caso, no me informaron de los cargos que había en mi contra, ni tuve derecho a un abogado. No sabía cuánto tiempo iba a permanecer allí», explicó en Público.

Al final permaneció 27 días. Gracias a sus amigos y a la embajada de España en Irak, que se movieron con celeridad, pudo salir de aquel infierno. Le dijeron entonces que había sido «castigado» por cruzar la frontera entre el territorio controlado por el PKK y el dominado por la KRG. «Me dijeron también que voy a ser deportado y que me prohíben volver a entrar en el país».

Los artículos de Barber no suelen dejar indiferentes, como ocurrió hace unos meses en nuestra zona con varias publicaciones sobre la puesta en marcha del matadero «Litera Meat» en Binéfar, incidiendo en el perfil del impulsor.

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