“No concibo mi vida sin el deporte” Reviewed by Momizat on . Metódico, exigente, disciplinado, persistente… así es Fernando García, conocido por todos como “Phondy”. El atletismo, su familia y el trabajo han formado un tr Metódico, exigente, disciplinado, persistente… así es Fernando García, conocido por todos como “Phondy”. El atletismo, su familia y el trabajo han formado un tr Rating: 0
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“No concibo mi vida sin el deporte”

“No concibo mi vida sin el deporte”

Metódico, exigente, disciplinado, persistente… así es Fernando García, conocido por todos como “Phondy”. El atletismo, su familia y el trabajo han formado un triángulo en el que ha centrado todos sus esfuerzos y retos diarios. Como entrenador de Eliseo Martín consiguió sus mayores éxitos, juntos convivieron en la élite mundial durante más de una década. Por sus manos han pasado grandes atletas, consiguiendo sacarles a la gran mayoría el máximo rendimiento posible. Su último proyecto de futuro se llama Pol Oriach, un joven albeldense que ha sido capaz de prender de nuevo la chispa de la ilusión de nuestro protagonista tras un par de años difíciles sobre el tartán.

Marcas personales, métodos de entrenamiento, competiciones, viajes, recuerdos recientes y otros ya no tanto, anécdotas… y muchos amigos y buenos momentos se arremolinan en su memoria. Nacido en Ortuella, una población vasca cercana a Bilbao, de madre binacetense y padre palenciano, llegó a Monzón con apenas nueve años. Fue pasando el tiempo y su pasión por el deporte, y por el atletismo en particular, fue creciendo de una manera desmesurada. “Antes jugábamos mucho en la calle y se hacía mucho deporte casi sin querer. Yo vivía en la plaza Zaragoza y con mis amigos jugábamos a ver quién ganaba dando vueltas al pasaje Loarre. Con diez u once años hice una apuesta con el que fuera alcalde de Monzón Fernando Heras, a ver quién de los dos duraba más en el atletismo. Está claro quién ganó…”, explica sonriente.

El Centro Atlético Monzón ha sido el club de sus amores durante cuatro décadas. Comenzó sus andanzas en las pistas de ceniza, situadas donde actualmente se encuentra el campo de fútbol Antonio Alcubierre. “Allí empecé a hacer mis primeros pinitos”. Desde pequeño tuvo claro que quería hacer pruebas de larga distancia, tenía fijación con el fondo, y de ahí viene su apodo: Phondy. Emiliano Díaz lo bautizó con ese alias. “No tuve nunca unas condiciones buenas para el atletismo, pero fui muy tenaz y jamás fallé a un entrenamiento. Con mucho empeño fui mejorando y terminé corriendo una prueba de maratón en 2 horas y 28 minutos, que no está nada mal”. Ahora debido a un problema de cadera no puede correr y ahora práctica ciclismo y natación, además de continuar ligado al atletismo como entrenador, formando y educando atletas de futuro. “No concibo mi vida sin el deporte”.

A partir de los 19 años comenzó a compaginar sus competiciones con la labor de entrenador. Obtuvo el título de monitor nacional siendo el primero de su promoción y su trayectoria se entrelazó con Eliseo Martín. “Tenía siete año menos que yo, y desde el principio mantuvimos una relación como de hermanos. Desde muy jovencito ya se le veía algo diferente”, asevera. Ambos fueron de la mano hasta alcanzar cotas rozando lo imposible. Cuando Eliseo terminó el servicio militar ambos se reunieron y tomaron una decisión que marcó sus vidas para siempre. “Tenía que decidir si se centraba únicamente en el atletismo o si por el contrario se buscaba un trabajo y el deporte pasaba a un segundo plano. Apostó por lo primero y los resultados no tardaron en llegar”.

Fueron años muy intensos para Phondy que compaginó su trabajo como director Industrial en Tatoma, los entrenamientos con Eliseo Martín y su cargo como adjunto del responsable de la selección nacional de fondo para asfalto y pista. “Llevo más de treinta años en la misma empresa y estoy muy agradecido a las facilidades recibidas para conciliar vida laboral y atletismo. Ha habido momentos de mucha carga de trabajo y numerosos viajes… la única solución era realizar la planificación por las noches y dormir poco”, señala.

Su nombre empezó a resonar tanto en el panorama nacional como internacional al mismo ritmo que Eliseo fue mejorando sus marcas. A finales de los noventa se produjo la gran eclosión de su pupilo y los buenos resultados fueron llegando uno tras otro, hasta conseguir su mayor logró: la medalla de bronce en el Campeonato del Mundo celebrado en París. “Fue una alegría tremenda”. Aquel ciclo incluyó la presencia en los Juegos Olímpicos de Sídney, Atenas y Pekín. “Este deporte me ha dado muchas alegrías, he podido visitar los cinco continentes y he conocido mucha gente. Aunque también recuerdo los malos momentos vividos con las lesiones o aquellas épocas donde a pesar de entrenar duro las marcas no salían”.

Durante varias temporadas se dedicó en exclusiva a Eliseo, pero después comenzó a ayudar a otros muchos deportistas en su preparación. En su trayectoria ha dirigido a más de cincuenta atletas, y en la actualidad tiene a su cargo a una veintena. Entre ellos nombres como Iván Espílez, Javier Yerno, Carlos Oriach, Armando García, Jacier Cabestre, Óscar Calero, Pablo Salaverria, Pablo y David Almunia, Mario Mirón, Héctor Lordán, Juan Chicano, David Fernández, Lina Mur, Mónica Saludas, Javier Mariño, Xavi Caballero, Marisa Casanueva, Nuria Sierra, Sancho Ayala, Cristina Espejo, Noemi Garcia, Paula Jalle, Nuria Peinado, Celia Rjadel… o la olímpica María José Pueyo. Un elenco de deportistas con un amplio palmarés a sus espaldas que abalan el trabajo de nuestro protagonista. “Todo lo que han conseguido es muy gratificante para mí. Siempre he intentado dar a todos el mismo cariño, desde el que compite a nivel internacional hasta los populares”.

Ofertas no le han faltado, pero nunca se decidió a dejar Monzón y emprender retos lejos de los suyos. La familia y la estabilidad laboral primaron sobre lo económico. “Recuerdo una muy buena oferta de Republica Dominicana para hacerme cargo del sector de fondo de la selección. En aquellos momentos estaba recién casado y ni siquiera plantee en casa la posibilidad a pesar de que las condiciones eran muy buenas. También recibí otras propuestas, pero siento mi club en el corazón y me gusta donde estoy, por eso siempre las rechacé. Toda mi vida me he dedicado a este deporte de manera altruista. El atletismo me ha costado dinero…”, matiza.

A pesar de la falta de becas, las dificultades de entrenar en una población como Monzón, o la gran variedad de oferta deportiva, el club está siendo capaz de producir atletas de élite a un ritmo inusitado. La generación de jóvenes presente en el europeo de Gyor (Hungría) lo corrobora. Entre todos ellos destaca Pol Oriach, medalla de plata en los últimos campeonatos de Europa sub-18 en la prueba de 2.000 obstáculos. Otra joven promesa moldeada por Phondy. “Viene una generación espectacular. Hay un trabajo desde la base que está teniendo su recompensa, pero hemos de seguir dándole continuidad. Al deporte de alto nivel es muy difícil llegar, pero todavía es más complicado mantenerse. Respecto a Pol, tiene unas condiciones espectaculares y llegará donde él quiera. La evolución de sus marcas es increíble y es capaz de sacar el máximo partido posible al entrenamiento realizado. El futuro nos los irá marcando el día a día”.

Ante nosotros tenemos a un amante del atletismo por los cuatro costados, autodidacta en sus métodos, exigente con sus atletas e inconformista. Tras dos años difíciles, reconoce haber recuperado la chispa. “Tengo un grupo de atletas que se merecen toda mi atención, para que así puedan conseguir los objetivos previstos dentro de sus posibilidades”. A sus 50 años, es historia del atletismo. Una figura que ha permanecido a la sombra, sin hacer mucho ruido, un hombre respetado y admirado por rivales y compañeros. Tras unos años de ausencia la Selección española ha vuelto a llamar a sus puertas, comienza una nueva etapa… y sin querer nuestros pensamientos vuelan hacia París.

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