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Medio siglo de Extensión Agraria

Medio siglo de Extensión Agraria

Con 30 años un madrileño del barrio La Latina, Antonio Orgaz Gómez, fue destinado a Monzón para poner en marcha el Servicio de Extensión Agraria en nuestra zona. Hasta el 2004, año de su jubilación, estuvo al frente de la entidad que en todos estos años tanto ayudó, y sigue haciéndolo, a la dinamización de nuestro entorno. Quién mejor que él, ya un montisonense más, para contarnos este 50 aniversario de la evolución y logros de este organismo hoy denominado OCA.

En mayo del año 1969 se abría en unos locales cedidos por el Ayuntamiento de Monzón la Agencia de Servicio de Extensión Agraria (organismo autónomo de la Administración Central) para atender las necesidades de las 14 localidades del Cinca Medio. La misión del Servicio de Extensión, creado con los medios de la ayuda americana y su filosofía de formación democrática, era elevar el nivel de vida de las familias rurales, mediante la educación y capacitación profesional.

Los Agentes de Extensión, técnicos de grado medio o superior, después de superar la oposición de ingreso, debían formarse como educadores en un curso de tres meses para aprender las técnicas de comunicación y desarrollo cooperativo. Para aquel tiempo fue revolucionario que los técnicos se quitaran la corbata y abandonando las capitales se instalaran en el campo para convivir con los agricultores, ganaderos y amas de casa (a través de las Agentes de Economía Doméstica). La convivencia y la cercanía con las familias agrarias fue la clave del éxito.

La selección de los problemas a resolver, entre agricultores, ganaderos y amas de casa, por elección, se constituían las llamadas Juntas Locales y Comarcales de Extensión, que anualmente elaboraban el plan anual de trabajo, y posteriormente evaluaban su cumplimiento.
La piedra angular del trabajo fue la formación de los jóvenes agricultores, ganaderos y amas de casa en los llamados “Planteles de Extensión”. Para la formación continua, además de los agentes se contrataban otros educadores para impartir una formación completa teórico-práctica en horario nocturno. Los métodos de trabajo: conferencias, cursillos, viajes educativos, demostraciones técnicas en fincas o granjas de las propias explotaciones familiares… Se elaboraba un cuaderno de explotación con todos los conocimientos técnico económicos aprendidos. Para que esta formación no quedase en el campo teórico, se precisaba capital para que los jóvenes creasen nuevas explotaciones viables (producto neto igual o superior al salario mínimo).

Las subvenciones y créditos de incorporación de jóvenes a la empresa agraria y las ayudas para la modernización de las explotaciones (con discriminación positiva para las mujeres), se canalizaban a través de las Agencias que divulgaban los programas de ayudas y colaboraban con los interesados en el estudio técnico económico que demostrase la rentabilidad de la inversión, y cuando procedía, se tramitaban y justificaban las inversiones así como su correcta aplicación. Durante décadas se contribuyó a la instalación de cientos de agricultores en nuevas empresas agrarias, siendo cada vez más importante el papel de la mujer.

Para estimular el trabajo cooperativo se creó un programa llamado: “Desarrollo Comunitario”, basado en líneas de subvenciones para las comunidades o grupos informales que se formaban para la solución de un problema mediante el trabajo asociativo, con la aportación de todo o parte del trabajo de la maquinaria y la mano de obra.

Hasta el año 1987 se realizaron 141 obras con un presupuesto de cerca de 900 millones de pesetas y 7.200 beneficiarios. Unas cuantías que se utilizaron para ensanche y arreglo de caminos, mejoras de regadíos con entubado de acequias, instalaciones de redes de riego a presión, abastecimiento de aguas con balsa reguladora, creación de cuatro fuentes públicas en Selgua, mejora de la fuente de Conchel, construcción de un aula en el nuevo colegio público de Alcolea, construcción de las piscinas municipales, campo de fútbol, vestuarios y almacenes para materiales, además de la plantación de chopos para tener sombra en el aparcamiento de las instalaciones de Binaced-Valcarca, creación de guarderías infantiles en Binaced y Alcolea, y un largo etcétera.

La recuperación de la concesión de agua para riego del tiempo de la República a punto de prescribir, en los términos de Binaced y Alfántega, supuso la creación de un millar de hectáreas de nuevos regadíos. La puesta en marcha de una cooperativa de trabajo asociado “la Binacetense”, formada por mujeres, que todavía mantiene su actividad laboral, y la creación de una Sociedad Agraria de Transformación para la explotación de cerca de 400 hectáreas de regadío, con los antiguos aparceros de la finca Casasnovas, también en Binaced.

Resulta imposible reflejar en un artículo medio siglo de tantas actividades, con tantos cambios políticos que influyeron de manera notable en las formas de trabajar. A modo de resumen: la transferencia del Servicio de Extensión Agraria a las Comunidades Autónomas, cada una con una visión diferente de los objetivos a alcanzar, supuso un cambio radical de las formas de trabajo. La supresión de los cursos de formación y perfeccionamiento, pusieron las bases para el fin de nuestra filosofía educativa. Actualmente no queda en activo ningún Agente de Extensión de la época: “mitad monje, mitad soldado”. Debe reconocerse, que gran parte del trabajo educativo se realizaba en horario nocturno, no retribuido para los funcionarios, por lo cual se sacrificaba la conciliación familiar por unos objetivos vocacionales.

El ingreso de España en la Comunidad Económica Europea supuso el mayor cambio económico y político después de la Guerra Civil. El fin de la autarquía económica propició, por la competencia y las leyes del mercado, un crecimiento continuado de la producción agraria y de la productividad, con el abandono masivo del campo de agricultores y ganaderos, facilitando mano de obra barata para la construcción, la industria y los servicios.

Paralelamente al cumplimiento de los programas de producción de los productos básicos a precio fijo, pactado por los Gobiernos, generó una acumulación de productos agrarios de tal calibre, que ahogaba la economía, con excedentes comprados muy por encima del precio de los mercados internacionales. La conservación y financiación de los excedentes era inviable.

La Comunidad Europea aplicó como solución la eliminación de los pactos de protección, dejando la fijación de los precios al libre mercado, que en algunos productos bajaron por encima del 50%. La solución a este nuevo problema fue el nacimiento de la PAC, mecanismo de compensación a los productores por la pérdida de rentas, asignándoles subvenciones directas en función de los distintos cultivos o ganados.

Cada cambio de Gobierno, Central o Autonómico, supuso una evolución para el trabajo de las Agencias, entre los más notables, pero la mejora de la atención al ciudadano fue la unión de todos los organismos o servicios que dependían de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente; entre ellos el SENPA (Servicio Nacional de Productos Agrarios), que contaba con dos silos en Monzón y Selgua; en uno solo, la Oficina Comarcal Agroambiental (OCA). Actualmente con 23 funcionarios es sin duda el organismo oficial con mayor actividad de toda la comarca: más de diez mil documentos con registro de entrada anual.

Este cambio, ocurrido a finales de los años 90 adjudicó en nuestra Comunidad Autónoma a las OCAs la divulgación de la normativa de la PAC, el asesoramiento permanente a ganaderos y agricultores, de todos los aspectos técnicos y administrativos de la misma. Su tramitación y control administrativo, así como las inspecciones de campo para comprobar la veracidad de los datos declarados.

Al cumplirse los 50 años de la instalación de la Agencia de Extensión en Monzón, hoy OCA, deseamos que pueda completar el siglo de vida.

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