Las cerezas de Albalate, ejemplo de innovación en el mundo rural Reviewed by Momizat on . Con todo el mimo, cariño y esfuerzo del que ha sido capaz, y a base de caerse y volverse a levantar, Javier de Pablo, junto al apoyo de su padre, ha conseguido Con todo el mimo, cariño y esfuerzo del que ha sido capaz, y a base de caerse y volverse a levantar, Javier de Pablo, junto al apoyo de su padre, ha conseguido Rating: 0
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Las cerezas de Albalate, ejemplo de innovación en el mundo rural

Las cerezas de Albalate, ejemplo de innovación en el mundo rural

Con todo el mimo, cariño y esfuerzo del que ha sido capaz, y a base de caerse y volverse a levantar, Javier de Pablo, junto al apoyo de su padre, ha conseguido que las cerezas de Albalate se hayan convertido en un producto de excelencia en diferentes puntos del planeta. ¿Cuál es el secreto? Conseguir producir este delicioso fruto fuera de temporada, en una época en la que ningún productor es capaz de suministrar este producto. Esta singularidad les ha posicionado en el mercado, y ha permitido que sus cerezas alcancen precios máximos, vendiéndose en ciudades como París o Londres.

“Hemos logrado adelantar la producción de cereza alrededor de dos meses. Lo normal es que el fruto esté listo para su recolección a finales de mayo, y nosotros tenemos cerezas listas para vender a principios del mes de abril”, explica Javier de Pablo. La idea nació hace, prácticamente, una década, cuando este joven mediocinqueño cursaba en Lérida sus estudios de Ingenieria Agrónoma. “Mi padre hacía tiempo que se dedicaba al mundo de las cerezas, y me propuso desarrollar la idea de conseguir adelantar la producción. Los primeros experimentos que realizamos no fueron muy alentadores, pero estábamos convencidos de que con el tiempo seríamos capaces de conseguir buenos resultados”, indica Javier de Pablo, con esa perseverancia que solo proporciona el trabajo y el conocimiento.

Actualmente, la empresa Fruit Luxury Company S.L. cuenta con 4,5 hectáreas de invernadero que producen entre 20.000 y 25.000 kilogramos de cerezas por temporada. Además, padre e hijo también cuentan con otras 30 hectáreas de cerezos, que en total pueden producir hasta 200.000 kilos por campaña. En el último año, también han apostado por diversificar el negocio con la introducción del melocotón amarillo y el higo negro: “desde que pusimos en marcha el nuevo proyecto hemos tenido que realizar una importante inversión. Instalar invernaderos, comprar nuevos terrenos o instalar estufas que permitan elevar la temperatura del recinto, para conseguir que el cerezo y el fruto despierten antes de hora”, señala el fruticultor albalatino.

Las especies con las que trabaja Pablo no son autofértiles; su propio polen no les sirve y necesitan polinización cruzada. Para ello buscaron una solución. Al principio pensaron en abejas, pero estas no dieron el resultado esperado. Entonces probaron a polinizar con abejorros, y estos insectos sí que funcionaron, consiguiendo completar con éxito el proceso de polinización. “Colocamos unas cuarenta cajas por hectárea con pequeñas colmenas. En cada una hay cerca de un centenar de abejorros que salen a hacer su trabajo, y así conseguimos que se complete el proceso. Una vez solventado este problema, hemos tenido que cuidar mucho los pequeños detalles, aprendiendo de los errores. Las dos primeras campañas fueron de prueba, y la cosecha fue cero”. La decisión más complicada a la que se enfrenta el fruticultor es acertar el momento idóneo de “despertar” el árbol, y para eso influye el clima de cada invierno: “los cerezos necesitan unas 500 horas de frío. Una vez han completado ese tiempo, ya podemos despertarlos. Si te precipitas, te quedas sin fruto y por lo tanto sin recompensa al esfuerzo realizado. El riesgo es alto, porque vender caro no significa ganar dinero”.

Para acelerar el ciclo del cultivo es necesario que en los invernaderos la temperatura sea siempre superior a los 10 o 12 grados. Para ello se utilizan unas estufas, que cuentan como combustible con huesos de melocotón (utilizan medio millón de kilogramos por campaña). Con todo este proceso han conseguido crear un producto de una alta calidad, que además les ha servido para ampliar sus puntos de venta: “antes solo vendíamos en España, y en cambio desde hace unos años, gracias a esta innovación, hemos logrado salir al extranjero. En Europa trabajamos con mayoristas que comercializan nuestro producto. También estamos intentando abrirnos en otros mercados tan interesantes como el asiático, donde la cereza se considera un producto de lujo. El problema es que entre España y China no hay un protocolo fitosanitario con la cereza, y de momento eso nos frena”, añade. Donde sí han llegado, aunque sea con pequeños envíos, ha sido a zonas tan alejadas como Emiratos Árabes, Hong Kong o Rusia.

En esta empresa familiar trabajan media docena de personas durante todo el año, pero en campañas de recolección pueden llegar a sesenta trabajadores. La sede la encontramos en el casco urbano de Albalate de Cinca, junto a la gasolinera ubicada dentro de la población. Allí se almacena la cereza, y se concluye todo el proceso tras la recolección: se lava, se clasifica (cada cliente quiere un color y un tamaño determinado) y se envasa para su posterior venta. La mayoría de esas ventas se realizan al por mayor, aunque también venden al detalle a vecinos del pueblo y no poco comarcanos que se acercan para saborear una cereza de referencia por su calidad contrastada. “Estamos trabajando en la venta directamente al cliente, para ello vamos a poner en marcha una página Web (frutadeverdad.com) en la que realizaremos venta on line, y que estará disponible a partir de abril”, indica Javier de Pablo, en otra decisión que busca el desarrollo de la empresa en un mercado global. Cabe destacar que a nivel mundial, solo hay dos empresas que sean capaces de producir cerezas fuera de temporada, además de algún pequeño productor. “Desde que plantamos los cerezos hasta que empiezan a producir pasan unos cuatro años, así que según nuestras cuentas en poco tiempo podremos pasar a producir hasta medio millón de kilos al año”. Una de las últimas iniciativas que le han propuesto a de Pablo es la de llevar el cultivo de la cereza a zonas de montaña, ya que eso provocaría que el ciclo se alargara y la campaña se prolongara unas semanas más, pero de momento es algo que nuestro protagonista no se plantea. La historia de “las cerezas de Albalate” ejemplifica las posibilidades de innovar en el mundo rural con el firme objetivo de seguir creando riqueza en unos pueblos necesitados de dinamismo empresarial que atraiga y fije población.

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